DINERO Y CREDITO En su libro “El Estado Nacional y sus Bases...

Marco Antonio@FascismoSocial
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Jan 16, 2025
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esclavitud, que se ejerce de manera anónima e impersonal y con un insaciable instinto de propagación y codicia. El dinero, según el teórico bávaro, no debe ser más que un bono de intercambio (respaldado por la producción nacional y amparado por el Estado) por el trabajo realizado
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y solamente cuando se cubre esta necesidad, el dinero se devuelve a la economía y su ciclo básico se completa. No obstante, si el dinero se acumula en las manos de los especuladores financieros de la gran banca internacional, que no acaparan el dinero para invertir en bienes de
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ahorro o incentivar el consumo privado, sino que lo desean para utilizarlo como un instrumento de poder, se provoca que el dinero que permanece en circulación se vuelva más escaso y se consigue que la producción se ralentice, demandando los fabricantes todos aquellos préstamos
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crediticios, que sean necesarios para el mantenimiento de la producción, con la desventaja de la imposición usurera de un tributo especial denominado “interés”, iniciándose así, la contracción de la economía y el desempleo laboral. De esta manera, la relación entre la producción
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y el dinero se invierte, puesto que el dinero que se inventó para servir a la economía, se ha emancipado de repente y se ejercita como medio de extorsión en la producción de bienes y servicios. El banquero prestamista carece de un sentimiento nacional y aprovechándose de la
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conciencia social del productor, obtiene su beneficio con el establecimiento de un certificado de deuda redactado legalmente, por el cual, el patrimonio del deudor pasa a garantizar la devolución del importe de la suma prestada y el pago de sus correspondientes intereses. Por
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consiguiente, el crédito garantizado no se otorga por razones de confianza en una mayor eficacia económica y en la capacidad de rendimiento de la empresa para satisfacer la demanda social, como defiende el nacionalsocialismo, sino puramente con la intención de aprovecharse y
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explotar las necesidades económicas del propietario, para apoderarse sin ningún esfuerzo de, al menos, una parte de sus ingresos mercantiles. El sistema crediticio, que está mediado por los bancos, se ha construido de tal manera que el capitalista se encuentra totalmente separado
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de la producción industrial, porque no mantiene relación alguna de carácter personal con las diferentes ramas de la misma, sino que, únicamente, pone su dinero a trabajar, como le gusta afirmar cínicamente. Nada conoce el banquero accionista y especulador sobre lo que se fabrica
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en las industrias en las que tiene participación o si las sociedades anónimas atienden a la producción de la demanda social, porque el accionista parásito solamente tiene interés en el estúpido movimiento de sus valores y en la rentabilidad de los dividendos de su capital
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accionarial, para el reembolso de una gran parte de los ingresos productivos de las empresas sin esfuerzo alguno. Actualmente, ya casi no existe ninguna empresa que no dependa de alguna forma de la banca, porque la producción nacional, en toda su extensión, depende de los
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capitales e intereses ligados a las operaciones bancarias y bursátiles internacionales. Los señores de los grandes bancos son, por tanto, los amos de la producción y el cumplimiento de la demanda social es, para los usureros financieros, un asunto totalmente indiferente y sin
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importancia. Por ello, la forma económica del capitalismo crediticio internacional representa una flagrante inmoralidad económica, al pervertir el significado del sistema financiero y convertirse en los déspotas absolutos del mismo. Según Feder, el trabajo creativo y productivo
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se ha convertido en el esclavo del espíritu astuto, voraz, sutil, infatigable y nómada del capitalista hebreo que gobierna el mundo y que ha conseguido involucrar a los propios Estados, tutores naturales del sistema financiero nacional, de tal modo, que éstos reconozcan al gran
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capital prestamista como su señor, abandonando su verdadera tarea como protectores de la economía nacional y realizando la función de verdugos, alguaciles y cobradores de monumentales intereses crediticios por orden de la alta finanza internacional.
