LIMITES ECONOMICOS DEL ESTADO Este capítulo sobre la limitación...

Marco Antonio@FascismoSocial
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Jan 16, 2025
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Feder considera que el capitalismo y el comunismo son los dos polos opuestos, a la hora de establecer los límites que debe observar el Estado en materia económica. La primera doctrina exige tanta libertad a la iniciativa privada como sea posible, mientras que el comunismo
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considera que las empresas deben estar administradas por el propio Estado. No obstante, el economista bávaro interpreta que el sistema producción comunista es inviable a largo plazo. Por un lado, por la supresión de la iniciativa empresarial, la falta de ánimo de lucro y la
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eliminación de la competencia y, por otro, debido al apremio y a la exigencia de un mínimo en la producción, que se ejerce en el régimen comunista con una fuerza despiadada en el trabajo. Por el contrario, la socialización de la economía, que el nacionalsocialismo propugna,
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supone un sistema más moderado de control estatal en las empresas, que sólo puede ser realizado con éxito en ciertos ramos de la producción, donde la iniciativa privada carece de la posibilidad de abastecer la demanda social necesaria. Los dominios económicos reservados a la
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actividad del Estado donde, como representante de los intereses colectivos, debe concentrar todas sus energías, lo constituyen el transporte ferroviario (Reichsbahn), el mercado alimenticio (Reichsnahrstand) y el sistema financiero (Reichsbank). En el campo del transporte, la
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intervención estatal, además del aspecto tecnológico, se debe centrar especialmente en el ámbito de la seguridad de los pasajeros. En este área, Feder achaca los accidentes ferroviarios de aquella época acaecidos en Estados Unidos y Francia, al temerario ánimo de lucro del sector
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privado. La tarea del transporte es servir a la economía nacional a través de la transferencia segura, rápida y barata de mercancias y personas a los lugares de consumo y trabajo. La cuestión de la rentabilidad viene sólo en segundo lugar en una empresa estatal. Al ámbito del
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transporte pertenece también el correo y el sistema de telégrafo, siendo función del Estado que se ejerza de una forma segura, rápida y fiable. Gottfried Feder establece que una regulación estatal es también necesaria en el campo del mercado alimenticio, puesto que el ideólogo
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germano considera que los alimentos de primera necesidad, no pueden estar sujetos a la dinámica competitiva del sector privado y a transacciones comerciales arriesgadas. Para el nacionalsocialismo, tiene una especial importancia la regulación de las corporaciones y cooperativas
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agrarias que, por un lado, garantizan precios satisfactorios a los agricultores en la compra de fertilizantes e implementos agrícolas y, por otro lado, suministran sus productos a los consumidores directamente con las ventajas económicas de la supresión del comercio intermediario
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respondiendo a la demanda social a través del establecimiento de almacenes agropecuarios. Por último, Feder estima que el sistema financiero es el tercer y más importante mecanismo que debe estar sometido a la regulación estatal. El dinero es considerado por los teóricos
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económicos como el medio más idóneo para facilitar el intercambio de productos. El dinero es la energía de la economía de mercado y es el fermento que cataliza toda actividad económica. No obstante, la mayoría de los bancos centrales estatales no son en absoluto institutos
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públicos, sino sociedades anónimas en las que los gobiernos se reservan solamente ciertos derechos de supervisión. Este hecho, resalta Feder, ya da una idea de las condiciones confusas que existen en el campo del sistema financiero público, que ha significado la transferencia de
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los más importantes derechos soberanos estatales al capital privado. Sin embargo, para alcanzar la satisfacción de la demanda social es necesario que la emisión de moneda, función del Banco Central, esté controlada por la autoridad política. Por consiguiente, el
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nacionalsocialismo considera totalmente necesario la nacionalización del Reichsbank, puesto que los grandes bancos privados e instituciones financieras se han convertido en los déspotas absolutos de la economía nacional. El discurso liberal para impedir que la política monetaria
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quede bajo la dirección política, pretende que los bancos emisores de moneda sean independientes del gobierno, tal como sucede en los Estados Unidos. No obstante, frente a este discurso liberal que obedece al dogma individualista de la no intervención en el mercado y
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favorece los intereses de las élites financieras, Feder propone que la política monetaria se someta a las directrices políticas del Estado y, a través del mismo, al interés común de la nación.
