Taekook Au #BroJob Taehyung vivía con el dolor perpetuo de saber...

@IceInBlack
♡Taekook♡°~R⁷~🏳️‍🌈💜@IceInBlack
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Taekook Au #BroJob

Taehyung vivía con el dolor perpetuo de saber que su mejor amigo iba a ser siempre eso, un amigo. Los sentimientos que había enterrado en el fondo de su corazón debían seguir allí, pero esa noche el alcohol le dio la excusa perfecta para colarse bajo su ropa.
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Esta historia hace tiempo que la tengo guardada y me encantaría dedicársela a @Noona31416 💜
Espero que te guste.
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Info:
-Hard🔥
-Soft🥺
-Drama😭
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❌POR FAVOR NO COMENTÉIS EN EL HILO DE LA HISTORIA O PODRÍA ROMPERSE. GRACIAS.❌
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Taehyung estaba subiendo las escaleras del edificio cuando le escuchó.
Era la voz de Jungkook, discutiéndose con alguien.
Con alguien no, con ella.
Tae llegó a su pasillo y caminó incómodo hasta la puerta de su apartamento.
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—¡ME TIENES HARTO! ¡Nada te parece nunca suficiente!
El chico se quedó estático sin saber si entrar o no.
"Están así cada dos por tres...Qué desastre."
Tae suspiró y levantó la cabeza al no escuchar más gritos en casa. Cogió aire y tecleó el código para entrar.
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—Hola...Ya estoy aquí.
Cerró y se descalzó para caminar por el pequeño recibidor con el corazón en la garganta.
Jungkook era su mejor amigo y verle de esa forma le retorcía el corazón.
—Eh, hola —Tae saludó de nuevo al llegar al salón.
—Eh Hyung...
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Jungkook sonrió, o algo así, con el móvil en la mano. Lo estaba apretando tanto que tenía los nudillos blancos.
Se miraron durante unos segundos sabiendo perfectamente que Tae había escuchado el griterío.
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—Tengo hambre —cortó con una sonrisa el mayor—, ¡es viernes! ¡Vamos a cenar por ahí!
Tae intentó sonar distendido y dejó su cartera del trabajo sobre el sofá.
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—Ahm —El joven sonrió con esa cara que a Taehyung a veces le dejaba sin aire—, ¿podemos quedarnos aquí? No me apetece salir.
—Claro, pero pido yo al restaurante que me gusta.
—Lo que quieras.
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Tae se fue hasta su habitación con esa sensación tan estúpida que siempre le recorría el cuerpo.
Se desvistió para ponerse el pijama y suspiró con todos esos pensamientos que le embotaban la mente.
Jungkook y él se conocían de toda la vida.
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Eran amigos íntimos, habían pasado toda la vida uno al lado del otro.
Siempre.
Y ese era el enorme problema.
Que Tae amaba a Jungkook de una forma nada apropiada para dos amigos.
Le deseaba.
Lo hacía desde que el joven cumplió los 16 y empezó a ser más un hombre que un niño.
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Le anhelaba.
Sabía lo malo que era para su salud mental estar tan colgado por alguien que no le correspondía, pero...
¿Qué iba a hacer?
Cada vez que Jungkook le miraba con esos ojitos, cuando le regalaba esas sonrisas Tae sentía que perdía todas las batallas.
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Y con los años fue a peor, mucho peor.
Tae siguió estudiando mientras que Jungkook iba un poco perdido. El joven trabajó de mil cosas distintas sin encontrar su lugar. Fue camarero, barista, reponedor...Nada.
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Hasta que un día decidió que invertiría sus horas de gimnasio para ser monitor.
Ese día empezó la agonía de Tae.
Jungkook empezó a entrar mucho, muchísimo. Hacía cursos, dietas raras y se pasaba el poco tiempo que
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tenía dando vueltas por el apartamento con esas mallas tan apretadas que dejaban poco a la imaginación.
Tae iba a combustionar, a explotar o a derretirse. Era un martirio constante y él, que estaba en plenos exámenes finales, era incapaz de concentrarse.
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Pero aprobaron, Jungkook su examen de entrenador personal y Tae los últimos exámenes de la carrera de magisterio.
Empezaron a trabajar.
Tae tuvo algún novio, ninguno tan increíble como Jungkook, pero se conformó.
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Al igual que se conformó con tenerle simplemente como amigo mientras él salía y entraba con todas esas chicas.
Se lamentaba, pero se desgarró por completo cuando se sacó esa novia oficial.
Hee-Sook.
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Era como si esa chica de ojos enormes y cabello corto le separara de una forma desgarradora.
Y la cosa fue a peor.
Hubo un momento en que Tae y Jungkook aun viviendo en la misma casa, casi no se veían.
Había un espacio enorme entre ellos. Ese espacio se llamaba Hee-Sook.
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Parecía que a la chica no le caía muy bien Tae y nunca quería estar en casa o hacer nada que incluyera al chico.
Luego vino las discusiones a media voz.
Luego los gritos.
Jungkook siempre en silencio.
Y ahora los dos tenían por fin un poco de tiempo para hablar,
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contarse como había ido el día y ser de nuevo esos dos amigos de toda la vida.
Cuando Tae salió de su habitación se encontró a al joven con esa camiseta de manga corta y esos pantalones de deporte, sentado en el sofá mirando hacia el televisor apagado.
—¿Meditando?
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Jungkook dio un suave respingo cuando Tae se sentó a su lado con los pies sobre el sofá.
Negó con la cabeza y le palmeó la rodilla. Le hacía gracia lo diferentes que eran. Él se conformaba con ropa vieja para dormir mientras que
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Taehyung iba con esos pijamas tan suaves de colores.
El de esa noche era azul con franjas blancas.
Se miraron y Jungkook no pudo evitar toquetearle el cabello que le caía a su amigo sobre la frente. Se había puesto las gafas y
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estaba observándole con esos ojos que siempre veían más que piel y carne.
El silencio se hizo algo denso y Jungkook apoyó la cabeza en el respaldo para mirarle sin saber cómo expresar lo que se le acumulaba en la garganta.
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Sabía que Tae le había escuchado gritando, supuso que las otras veces también.
—¿Estás bien? —La voz suave de Tae le hizo sonreír.
Siempre se daba cuenta de todo.
—Mmm…sí.
La mano del mayor le acarició el brazo desnudo que solo estaba decorado con unos cuantos tatuajes.
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